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¿Es buena idea viajar por Carretera Austral con niños pequeños?

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Viajar con niñas y niños pequeños por la Carretera Austral puede ser una experiencia maravillosa, pero también exige adaptar ritmos, expectativas y recorridos a las necesidades reales de la primera infancia.

Por: Claudia Guerrero Hoffmann
Jardín Casa Roble

Espacios de Jardín Infantil y Sala Cuna Casa Roble en Las Condes, Santiago de Chile

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¿Es buena idea viajar por la Carretera Austral con niños pequeños?

Viajar por la Carretera Austral con niñas y niños pequeños puede transformarse en una experiencia familiar muy valiosa, pero la primera pregunta no debería ser qué lugares visitar o cuántos kilómetros recorrer. Antes conviene preguntarse si el viaje que estamos imaginando es compatible con las necesidades del niño que queremos llevar.

Para Claudia Guerrero Hoffmann, Directora Fundadora de Jardín Infantil y Sala Cuna Casa Roble, no siempre viajar durante la primera infancia es necesariamente una buena idea. Los niños pequeños necesitan ritmos, contención, rutinas y cierta predictibilidad para sentirse seguros, y un viaje inevitablemente modifica buena parte de esas referencias.

“Eso no significa que no podamos viajar con ellos, pero sí que antes de hacerlo tenemos que preguntarnos si ese viaje es compatible con las necesidades de ese niño en particular y con el momento del desarrollo en que se encuentra. A veces puede ser una experiencia preciosa y otras veces, sencillamente, puede ser mejor esperar”, explica Claudia.

La edad es una referencia importante, pero no suficiente. Dentro de la primera infancia existen etapas muy diferentes. No es lo mismo viajar con un bebé que puede permanecer gran parte del tiempo cerca de su adulto de referencia que hacerlo con un niño de dos o tres años que necesita mucho más movimiento, exploración y autonomía.

Por eso, antes de comenzar a planificar un recorrido por la Carretera Austral, Claudia recomienda observar primero la vida cotidiana del niño: cómo duerme fuera de su espacio habitual, cuánto necesita sus rutinas, cómo responde a los cambios, cómo enfrenta comidas diferentes y qué tan bien tolera permanecer durante períodos prolongados dentro de un vehículo.

No existe una pauta universal. Algunos niños se adaptan con mayor facilidad y otros necesitan mucha más estabilidad, sin que una forma sea mejor que la otra. Como resume Claudia, lo importante es “conocer al hijo que tenemos, no al hijo con el que imaginamos viajar”.

Mantener referencias conocidas también es parte del viaje

Si finalmente la familia decide viajar, una buena pregunta es cuánto de la vida cotidiana del niño puede mantenerse durante el recorrido. Quizás resulte imposible conservar exactamente los mismos horarios, pero sí se pueden respetar ciertos hitos: momentos relativamente estables para comer y dormir, tiempos de descanso, espacios de juego y pequeños rituales familiares antes de acostarse.

Un objeto de apego, una canción, un cuento o determinadas costumbres pueden transformarse en referencias especialmente importantes cuando cambian diariamente el alojamiento, el paisaje y las experiencias. Para los adultos esa variedad puede resultar estimulante; para un niño pequeño representa una gran cantidad de información nueva que debe procesar.

“En primera infancia muchas veces menos es más”, señala Claudia. Una idea sencilla, pero especialmente relevante cuando comenzamos a decidir cuántos kilómetros recorrer, cuántos destinos incluir y a qué ritmo queremos conocer la Carretera Austral.

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Casa Roble es una Sala Cuna y Jardín Infantil ubicada en Las Condes, Santiago, inspirada en las pedagogías Pikler y Waldorf. Si estás buscando un espacio para tu hijo o hija, agenda una visita, conoce el jardín y conversa personalmente con su equipo.

“No creo que un niño tenga que adaptarse al viaje que los padres quieren hacer. Creo que somos los adultos quienes tenemos que adaptar el viaje al niño que decidimos llevar.”

Claudia Guerrero Hoffmann, Directora Fundadora de Casa Roble

El viaje debe adaptarse al niño, no el niño al viaje

Cuando viajamos solamente entre adultos podemos organizar jornadas extensas, cambiar de alojamiento todos los días o modificar horarios sobre la marcha. Con niñas y niños pequeños, en cambio, la planificación debería comenzar desde otro lugar.

“No creo que un niño tenga que adaptarse al viaje que los padres quieren hacer. Creo que somos los adultos quienes tenemos que adaptar el viaje al niño que decidimos llevar”, señala Claudia Guerrero Hoffmann.

En una ruta extensa como la Carretera Austral, llevar esta idea a la práctica puede significar recorrer menos kilómetros por día, permanecer más tiempo en un mismo destino, hacer más detenciones, respetar los horarios de comida y descanso y renunciar a algunas actividades. Incluso puede ocurrir que una jornada termine antes de lo previsto o que simplemente no lleguemos al lugar que habíamos marcado en el itinerario.

Para Claudia, aceptar esta realidad antes de comenzar el viaje cambia completamente la experiencia: “Eso no significa que el viaje vaya a ser peor. Va a ser otro viaje”.

Por eso, al organizar un recorrido familiar por la Patagonia, Claudia propone tomar tres decisiones pensando primero en el bienestar del niño: cuánto durará el viaje y cada jornada de desplazamiento, cuántos lugares realmente queremos conocer y dónde vamos a alojar, considerando cómo los cambios frecuentes pueden afectar sus ritmos y rutinas.

Más que intentar llenar el mapa de destinos, puede ser más útil preguntarse cuánto cambio le estamos pidiendo a nuestro hijo durante esos días. Con niños pequeños, conocer menos lugares puede terminar ofreciendo una experiencia mucho más amable para toda la familia.

Esta manera de viajar también exige flexibilidad. La lluvia, una demora, una mala noche o simplemente el cansancio pueden obligarnos a modificar completamente lo que habíamos planificado. En esos momentos, los niños observan especialmente la forma en que reaccionan los adultos.

“No podemos pedirles calma si nosotros estamos desesperados porque el itinerario no resultó”, explica Claudia. Más que intentar controlar cada detalle, propone estar presentes, transmitir tranquilidad y aceptar el viaje tal como se va desarrollando, incluidos sus contratiempos.

Y existe un límite especialmente importante: la incomodidad del propio niño. Si comienza a mostrarnos con claridad que algo no está funcionando, corresponde observarlo y escucharlo, aunque exista una actividad reservada o hayamos esperado meses para llegar a determinado lugar.

“Nuestro hijo nos está diciendo que necesita otra cosa. Y ser padres también significa ser capaces de renunciar al plan”, concluye Claudia.

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La naturaleza se vive distinto durante la primera infancia

La Carretera Austral puede ofrecer una experiencia especialmente valiosa para niñas y niños pequeños, aunque probablemente ellos no la vivan de la misma manera que los adultos. Mientras nosotros podemos maravillarnos frente a una montaña nevada, un lago o un glaciar, un niño pequeño suele estar mucho más interesado en aquello que ocurre inmediatamente a su alrededor.

“Un niño pequeño probablemente esté mucho más interesado en las piedritas que tiene a sus pies, en tocar el pasto, trepar, saltar, meter las manos en el agua o moverse libremente”, explica Claudia Guerrero Hoffmann.

Eso no hace que la experiencia sea menos significativa. Al contrario, durante la primera infancia el contacto directo con el entorno, el movimiento y la exploración sensorial pueden tener mucho más sentido que intentar que el niño contemple o valore un paisaje de la misma forma en que lo hacemos los adultos.

También significa que no necesitamos llenar cada jornada con actividades. Detenernos en un lugar tranquilo, caminar, tocar hojas, recoger piedras o simplemente disponer de tiempo para jugar puede ser suficiente. Para Claudia, una parte importante del viaje consiste precisamente en permitir que aparezcan esos espacios.

Lo mismo ocurre durante los trayectos. En Casa Roble no recomiendan el uso de pantallas durante la infancia y adolescencia, y Claudia recuerda que existen muchas alternativas sencillas para acompañar un viaje: rimas, adivinanzas, canciones, el veo-veo, contar animales, buscar colores, inventar historias, observar por la ventana o simplemente conversar.

“No todo momento tiene que estar lleno de estímulos. También podemos mirar por la ventana, cantar, conversar o sencillamente estar”, señala.

Esa misma idea se extiende al aburrimiento. Los adultos muchas veces sentimos que somos responsables de entretener permanentemente a nuestros hijos, pero Claudia propone mirar esos momentos desde otra perspectiva: el aburrimiento también puede transformarse en un espacio fértil para la creatividad y la imaginación.

Para acompañar el viaje pueden bastar objetos simples y abiertos al juego: algunos libros adecuados para su edad, lanas, muñecos, pañuelos u otros materiales que puedan transformarse en distintas cosas. Mientras menos determinado esté el juego por el objeto, mayor puede ser el espacio para que aparezca la imaginación del niño.

Y aunque quizás años después ese niño no recuerde conscientemente el lago, el bosque o la localidad que visitó, eso no significa que el viaje desaparezca. Queda la experiencia compartida, el vínculo familiar y también las historias que los adultos volverán a contar a través de fotografías, videos y anécdotas.

“Hay recuerdos que terminamos construyendo también a través de los relatos de nuestra propia familia”, reflexiona Claudia.

Muchas de estas ideas —respetar los ritmos, observar antes de intervenir, favorecer la autonomía, permitir el juego libre y ofrecer tiempo para explorar— forman también parte de la propuesta educativa de Jardín Infantil y Sala Cuna Casa Roble.

En el jardín, estos principios se traducen en ambientes preparados para que los niños puedan moverse y explorar con seguridad, rutinas que aportan predictibilidad, contacto con la naturaleza, canciones, cuentos, materiales simples y adultos presentes que observan y acompañan sin intervenir permanentemente.

Para Claudia, esta mirada une buena parte de las pedagogías Pikler y Waldorf que inspiran el trabajo de Casa Roble: respetar la infancia como una etapa valiosa en sí misma y no como una preparación apurada para lo que vendrá después.

Esa misma coherencia es la que recomienda buscar a las familias cuando deben elegir sala cuna o jardín infantil. Más que decidir únicamente a partir de una página web o fotografías, su consejo es conocer personalmente el lugar, recorrer sus espacios, conversar con quienes trabajan allí y comprender cómo entienden el desarrollo, los ritmos, los límites, el juego y la autonomía.

“No todos los jardines son para todas las familias, y está bien que sea así”, señala Claudia. En Casa Roble las familias pueden agendar una visita para conocer el jardín y evaluar si su propuesta educativa hace sentido para ellas y para sus hijos.

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Preguntas frecuentes

¿Es recomendable viajar por la Carretera Austral con niños pequeños?

Puede ser una experiencia muy valiosa, pero no siempre es la mejor decisión. Conviene considerar la etapa de desarrollo del niño, su tolerancia a los cambios, sus rutinas, el sueño y cómo responde a trayectos largos antes de planificar el viaje.

¿Cómo debería planificarse la Carretera Austral cuando se viaja con niños?

El itinerario debería adaptarse al niño. Eso puede significar recorrer menos kilómetros por día, permanecer más tiempo en cada destino, realizar más detenciones, respetar horarios de comida y descanso y estar dispuestos a modificar el plan si es necesario.

¿Qué rutinas conviene mantener durante un viaje con niños pequeños?

Aunque no siempre sea posible conservar exactamente los mismos horarios de casa, ayuda mantener ciertas referencias conocidas, como rutinas para dormir, horarios relativamente estables de comida, momentos de descanso, cuentos, canciones u objetos de apego.

¿Cómo pueden disfrutar la naturaleza los niños pequeños durante un viaje?

No necesitan experimentar el paisaje como los adultos. Tocar el pasto, jugar con piedras, caminar, trepar, acercarse al agua o explorar libremente su entorno inmediato pueden ser experiencias muy significativas durante la primera infancia.

¿Cómo entretener a los niños durante los trayectos sin usar pantallas?

Se pueden utilizar canciones, rimas, adivinanzas, cuentos, juegos como el veo-veo, buscar colores o animales, inventar historias y conversar. Tampoco es necesario llenar cada momento de estímulos: el aburrimiento puede favorecer la creatividad y la imaginación.

¿Cómo saber si Casa Roble es adecuado para mi hijo o hija?

Casa Roble recomienda conocer personalmente el jardín antes de tomar una decisión. Las familias pueden visitar su Sala Cuna y Jardín Infantil en Las Condes, recorrer los espacios, conversar con el equipo y conocer su propuesta inspirada en las pedagogías Pikler y Waldorf.

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